4 nov 2010

El señor pepino

Aburrido de las tonalidades sepia de las que estaba pintando mi vida, he decidido reescribir un cuento mas colorido que hice hace algunas semanas:

Seguramente al escuchar el titulo de este cuento pensaste: -Este cuento seguro que trata de un pepino con ojos y piernas que vive en una ensaladera con sus amigos el señor tomate y la señora zanahoria...- Eso o alguna mamada por el estilo. Pues no, el señor Pepino es una persona común y corriente como tu o como yo, y él vive en una ciudad común y corriente (más corriente que común) como la nuestra; si, ya sabes de que hablo, ¿O no? Gente dispuesta a matarte si los miras feo, narcominoristas que se sientan junto a ti en el camión, sacerdotes que le rezan al padre (al Padre Maciel, quiero dejar claro), ¡Reggaetoneros hippiosos fumando crack a la salida de tu escuela! En fin, me tomaría años contarles todas las desgracias e infortunios que nos asolan en cada esquina de nuestra querida ciudad, además ese cuento de nunca acabar sería muy aburrido y la temática de este cuento no es esa, es el señor Pepino.

El señor Pepino es un señor de 57 años que vive en una choza hecha con barriles al lado de las vías del ferrocarril. Él vive felizmente con lo que los turistas dejan en las vías, de robar cosas de los trenes (el tren y sus partes incluso, de hecho él estuvo presente cuando ocurrió el accidente del Mexicali – México), caza ratas para alimentarse y también obtiene algo de dinero de sus acciones de Microsoft. A él le encantaba su vida solitaria y humilde lejos de la ciudad y de los citadinos imbéciles. Hasta que un día unos empleados del gobierno fueron a decirle que debía desalojar su casa, pues el espacio era necesario para la construcción de las nuevos rieles para el tren bala. Así fue como el señor Pepino se despidió de su hogar.


El señor Pepino se mudó a una ciudad cercana y cambió su choza hecha con barriles al lado de las vías del ferrocarril por una choza mas o menos decente en medio de una avenida, como ahí había policías no podía robar y el señor Pepino tuvo que buscar un trabajo normal. Pensó que lo mejor sería trabajar en una sex-shop, un table dance o en una tienda de lencería; pero el único lugar donde pudo conseguir empleo fue en la oficina de correos. Ahí se divertía durante el día con los dibujitos absurdos de las estampillas, robándose los paquetes que tenían comida o dinero, y abriendo los apartados postales de los citadinos imbéciles, aunque todo esto le trajo diversión, por la noche no podía dejar de pensar en su vieja choza hecha con barriles.


Una mañana se despertó escuchando un grito, no... no era un grito, eran mil voces gritando una y otra vez la misma cosa. Esa manifestación, a pesar de ser por una causa absurda y sin ningún sentido para nuestro protagonista, le dio una idea. !Si él no podía hacer nada el gobierno quizás si! El señor Pepino fue de inmediato a las oficinas del gobierno para hablar con el gobierno... Así, después de tres días, de contarle a dos tercios de los empleados de ese lugar su problema, de hacer enormes filas para que lo mandaran a otra fila o a la chingada, de esperar por doce horas a que le entregaran lo "Forma de Solicitud Formato E", y de hablar con un negro feo y gordo al que todos llamaban "Señor Gobernador", finalmente el señor Pepino llegó a un acuerdo con el gobierno.Él trabaría para ellos en el tren bala y viviría en un cuarto dentro de el, así estaría cerca de las vías del tren y sería útil para algo.

Al principio todo fue miel sobre hojuelas hasta que el señor Pepino probó el amargo trago del trabajo sin descanso, única cosa que se podía hacer en el tren bala, pues no podía ni robar ni cazar las abundantes ratas y zarigüellas que había por el lugar y por si fuera poco sus acciones de Microsoft habían bajado varios puntos en Nasdaq, no tardo demasiado para sentirse tan miserable como se sentía en la ciudad, los citadinos imbéciles viajaban en tren al parecer. Cuando ya se había resignado a sobrevivir de aquella forma por el resto de sus días el señor Pepino vio algo por la ventana, al lado de la carretera que corría paralela a ellos había un lugar, un lugar pequeño repleto de cactuses con serpientes, madrigueras de rata y basura de los turistas. supo que había encontrado su lugar.


Desde entonces un señor de 57 años llamado Pepino vive ahí, en una choza hecha con barriles al lado de esa sucia autopista interestatal. De lo que dejan los turistas , de robar autos, de cazar ratas y de sus acciones de Microsoft vive él. Y el señor Pepino es muy feliz así.

13 comentarios:

  1. este cuento sí me gustó!! :D
    se lo compartiré a mi mejor amiga x)

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  2. Por alguna extraña razon este cuento, mucho mas "simple" me fue mas dificil de escribir que la mayoria de lo que he hecho...

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  3. por alguna extraña razón las personas suelen decir que lo que más vale la pena es aquello que cuesta trabajo alcanzar

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  4. Creo que no hay nada mas distinto a mi personalidad que este cuento, pero bueno, quiza estoy siendo demasiado subjetivo...

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  5. si tú lo escribiste es que es parte de ti

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  6. Si, en el fondo soy un viejo resignado de 57 años... bueno, mal ejemplo.

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  7. mmm... serás viejo resignado, te flatan los años
    además, dijiste que a los 57 te suicidarías (lo cual demostraré que será una más de tus grandes mentiras con el tiempo, porque yo sé que vas a tener más ganas de vivir después de que seamos amigos ya por un buen tiempo xd)

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  8. dije que iba a hacerlo si no conocia mi Verdad a los 57...

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  9. te va a valer si la conoces o no, vas a querer vivir y punto... y, ahora que me doy cuenta aunque no tiene nada que ver con el tema, fíjate que 57 es la conbinación de mi número favorito con el tuyo!! que coincidencia... jajajaja

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  10. i know, i know, me too... y como que despues de dormir ya le veo cara al ¬3¬

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