Golpea a mis pies espuma blanca
y trae el agua cristalina,
se que la brisa marina
llega a purificar mi alma.
Inhalo la sal,
siento la calma, bendita cura,
y admirando con ciertos celos
a las olas siempre seguras;
me enseñan su figura
medio oculta bajo un velo.
Un rayo despide la madrugada
e ilumina el pasado,
en viejas caminatas
en la arena, tatuada;
llega otra ola de sol dorado
poco a poco la arrebata.
Arena renovada
bajo pisadas suaves.
¿Felicidad o Agonía?
A cada huella tal vez
la historia de otro día.
Camino sobre la arena,
perdiéndome en el olvido.
Bajo mis plantas,
bajo mis yemas,
la historia de un desconocido...
similares a las mías,
y a sitios por donde anduve.
Una ola me rocía
con su salado perfume.
Llega a asustarte
no ver las pisadas
en la arena dorada.
Llega a asustarte
perderte en la nada.
Y me sumerjo en las dunas.
Trechos de soledad.
¿Quién está a tu lado?
¿Quién te dice la verdad
en el camino olvidado?
El sol a mi espalda
de pronto frente a mi;
su alma triste, navegante,
en una corriente atrapada,
sumergido en la nada
mientras pienso en ti.
Mi ruta de arena
mojada por instantes.
¿Vale la pena?
Me sabe a no-importante.
La marea se torna
en natural azulejo.
La pluma, el aire, mis compañeros.
En el árbol reposa el aviso
que acabó viniendo a menos.
Pisadas de gente,
gente que ha partido,
por mas que las sigo
no tiene sentido.
Pasos de extraño...
ni son tuyos
ni son para mí.
Mi pie plantado en su espacio
un pasado ajeno
no puede vivir.